El tema de las brujas, la brujería y la hechicería ha acompañado a la humanidad desde tiempos antiguos. Aunque en la actualidad puede aparecer disfrazado de entretenimiento, moda o simple curiosidad cultural, la Biblia trata este asunto con seriedad, revelando que detrás de estas prácticas hay realidades espirituales que esclavizan y desvían el corazón de Dios. En la consejería cristiana, comprender la raíz y el efecto de la brujería resulta indispensable, no solo para orientar a quienes han tenido contacto con ella, sino también para afirmar la libertad que Cristo ofrece frente a toda atadura.
La visión bíblica sobre la brujería
Desde el Antiguo Testamento, Dios condenó de manera clara toda forma de hechicería. La ley mosaica establecía: “Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre ellos” (Levítico 20:27, RV1960). La severidad de esta instrucción se debe a que tales prácticas desvían la confianza del pueblo hacia poderes ocultos en lugar de dirigirla al Dios verdadero.
El profeta Isaías también denunció la búsqueda de dirección espiritual fuera de la Palabra de Dios: “Y cuando os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?” (Isaías 8:19, RV1960). Aquí se expone la contradicción de quienes, en lugar de buscar la guía del Señor, recurren a prácticas ocultistas que traen engaño y confusión.
Las brujas en la cultura y la psicología contemporánea
En el mundo actual, el tema de las brujas aparece en películas, series, literatura juvenil e incluso en celebraciones populares como el Halloween. Muchas veces se presenta como un juego inofensivo, pero lo que se trivializa es una realidad espiritual que la Biblia llama pecado. La psicología también ha estudiado cómo la atracción hacia lo oculto surge de la necesidad humana de control, curiosidad por el futuro o deseos de poder frente a la incertidumbre de la vida.
Sin embargo, cuando una persona busca estas prácticas, corre el riesgo de abrir su mente y corazón a influencias dañinas. En consejería cristiana se observa que quienes se involucran con la brujería terminan experimentando miedo, dependencia espiritual, sueños perturbadores o rupturas en sus relaciones. La aparente promesa de control se convierte en una cárcel de ansiedad y opresión.
Consecuencias espirituales
El Nuevo Testamento también advierte sobre los efectos de la hechicería. En el libro de Hechos se narra la historia de Simón el mago, quien asombraba a la gente con sus artes, pero quedó desenmascarado frente al poder del evangelio (Hechos 8:9-24). Allí se evidencia que la magia no proviene de Dios y que el único camino para alcanzar libertad verdadera es el arrepentimiento y la fe en Cristo.
El apóstol Pablo fue aún más categórico al incluir la hechicería entre “las obras de la carne” que impiden heredar el reino de Dios (Gálatas 5:20, RV1960). De este modo, la Escritura advierte que estas prácticas no son neutrales, sino un terreno contrario a la vida espiritual.
Consejería y acompañamiento pastoral
En la práctica de la consejería, se encuentran personas que llegan con temor por haber consultado a brujos, leído horóscopos, participado en rituales o recibido “limpias”. El acompañamiento requiere sensibilidad y firmeza. Algunos pasos esenciales son:
- Escuchar sin juzgar, reconociendo la vulnerabilidad de la persona.
- Señalar, a la luz de la Biblia, que estas prácticas son contrarias a la voluntad de Dios.
- Guiar en oración de confesión y arrepentimiento.
- Afirmar la promesa de libertad en Cristo.
El evangelio ofrece una salida clara: “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36, RV1960). La consejería cristiana no se centra solo en señalar el error, sino en conducir a la persona hacia la gracia y la restauración.
El poder de Cristo frente a la oscuridad
La esperanza para quienes han estado bajo la influencia de la brujería está en el poder de Cristo. En Colosenses 2:15 se afirma que Jesús, en la cruz, “despojó a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (RV1960). Esto significa que ninguna obra de oscuridad tiene dominio definitivo sobre los hijos de Dios.
El ministerio pastoral debe recordar constantemente que la misión de la Iglesia no es generar miedo, sino proclamar la victoria de Cristo y acompañar con amor a quienes necesitan salir de esas prisiones espirituales.
Conclusión
Las brujas y la brujería no son simplemente símbolos culturales ni entretenimiento inocente. La Biblia las denuncia como prácticas que apartan al ser humano de Dios y generan esclavitud espiritual. Sin embargo, el mensaje central no es de condena, sino de esperanza. Cristo ofrece perdón, libertad y nueva vida a todo aquel que se arrepiente y se acerca a Él.
En la consejería y la psicología cristiana, abordar este tema requiere sensibilidad pastoral y claridad bíblica. La tarea es guiar a las personas hacia la verdad que libera, recordando siempre la promesa: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32, RV1960).
Por María del Pilar Salazar
Decana Académica
Univ. Logos
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