Conversión como principio de la Educación Cristiana

Conversión como principio de la Educación Cristiana

Un desafío al pensamiento y práctica de la formación cristiana señala el modelo que utiliza el principio de conversión derivado de raíces evangélicas como básico dentro de la educación.

 

Principio de conversión

El principio se amplía no solo para aquellos que reciben la formación sino que parte desde los propios educadores cristianos.

El testimonio es la primera parte de cada enseñanza (ortopràxis), la cual debe acompañar  por una pasión divina (ortopatos) que permita sin descanso continuar en esta carrera de la fe.

La conversión, pasa de ser una invitación a un compromiso con la revelación general que se nos ha dado, a la cual se le suma una fe retadora, intermitente, renovada para cumplir con la gran comisión otorgada a cada uno.

Alcanzar la conversión bajo 7 principios cristianos

Pazmiño indica siete principios ortodoxos básicos que fundamentan la existencia cristiana protestante, sobre los cuales hemos de recorrer nuestro camino de fe y conversión.

El primer principio La Biblia como palabra inspirada por Dios; como segundo principio La unicidad de Dios; La persona y obra de Jesús y La salvación de los perdidos y pecadores se presentan como tercer y cuarto principio.

Los siguientes principios son  El ministerio presente del Espíritu Santo;  La resurrección de los salvos a la vida y de los perdidos a la condenación; y La unidad espiritual de los creyentes en nuestro Señor Jesucristo.

Conocer y basar nuestro nuevo camino con estos principios nos permitirá alcanzar una conversión que nos lleve a no volver atrás en nuestra vida, por ello es necesario esbozarlos para poder guiarnos y llevarlos a otros a través de la educación.

La Biblia como palabra inspirada por Dios

Toda enseñanza parte y se sustenta en la Biblia. Por lo que se requiere un análisis cuidadoso de su enseñanza, para destacar el contenido y su multifacética temática.

En cualquier escenario educativo se debe afirmar la verdad de Dios y promover una comprensión mayor del sentido educativo, sustentado sobre la Palabra que es acción y poder, bajo la fidelidad y denuedo por la revelación.

La unicidad de Dios

Una perspectiva adecuada, oportuna y efectiva contribuirá en la interpretación del mundo que nos rodea (cosmovisión), facilitando y acompañando a descubrir, entender y aplicar basados en una sabiduría de lo alto.

Los educadores cristianos proponen una enseñanza teocéntrica, la cual tal como señala Pazmiño ofrezca la visión cristiana del mundo y de la vida provea particularidades orientadas en su proceso educativo.

El punto de partida es la autoridad de Dios tal como es revelada en las Escrituras, iluminada por el Espíritu Santo y discernida por la razón y la experiencia humana individual y comunitaria.

Se sugiere utilizar un método holístico o general, que involucre toda la obra creada y que su centro es Dios y su revelación, y que permite que el proceso educativo sea denominado también como trinidad educativa que contempla los tres elementos esenciales de la educación: contenido, personas y contexto.

La persona y obra de Jesús

Reconocer a Jesús como la persona que nos lleva a  la unidad con el Padre, ver en su obra la base y razón de nuestra fe.

La persona de Jesús al ser reconocida nos permitirá llegar a la unión de objetivos, contenido, talento humano (maestros y estudiantes), logística, entorno, retroalimentación.

Comprendiendo que cada uno de ellos y estos tienen una justificación en el plan y obra que nos lleve a la verdadera conversión de cada uno de los involucrados.

La salvación de los perdidos y pecadores

Aceptar nuestra condición pecadora y morir al yo, a fin de que no siga afectando nuestra vida personal y mucho menos las de otros.

Darle vida a la justicia, rectitud, armonía y una paz que sobrepasa todo entendimiento es la mejor forma de testificar la obra de Jesús en nuestra vida.

Las razones de fe y la educación puede explicarla a través de los hechos de Jesús desde la perspectiva cognitiva, afectiva, psicomotor y de estilo de vida demostrada suficientemente.

El ministerio presente del Espíritu Santo

Si bien debemos de prepararnos humanamente para el hecho educativo, no podemos ni debemos dejar de prepararnos para percibir y dejar actuar el Espíritu Santo.

Toda inspiración, iluminación del Espíritu Santo ha de superar nuestra preparación humana.

Él es el agente activo que nos habilita los dones y talentos para ministrar y madurar efectivamente. Guía y poder nos incitan a una fiel mayordomía mediante la renovación de nuestras actitudes, intenciones, motivaciones y acciones integrales.

La resurrección de los salvos a la vida y de los perdidos a la condenación.

El amor y misericordia serán nuestros heraldos ante las demandas de Dios y las consecuencias de las decisiones humanas.

Nuestro rol entonces como maestros es llevar a las personas a la comprensión de sus responsabilidades y facilitarles su cumplimiento amándolos con todo nuestro corazón mente y fuerza.

La unidad espiritual de los creyentes en nuestro Señor Jesucristo.

Evitar arrogancia en la postura teológica, facilitando entre cristianos, unidad en la variedad, con católicos y ortodoxos, convivencia en la diferencia, frente a los demás sistemas, tolerancia en la distancia.

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