La fe que salva

La fe que salva

 

Janina Barrios

La fe que salva

 

Hemos escuchado sermones completos sobre la fe, también hemos conocido gente que dice: “yo tengo mucha fe”, “yo tengo fe en Dios” y frases semejantes. Pero, ¿cómo sabemos que esa fe es genuina? ¿Cómo sabemos que esa fe es una fe cristiana, la fe enseñada por Jesucristo? No nos engañemos, hay muchos tipos de fe.

En un estudio reciente, los autores Sproul, Gerstner y Linsley declaran: “La religión en sí no es el fruto de una búsqueda fervorosa de Dios, sino el resultado de una fuga apasionada de Él”. De acuerdo a esto, los seres humanos tendemos a inventar caminos  al cielo que nada tienen que ver con la Biblia.

La fe es sencillamente una confianza total en la Palabra de Dios como verdad. Para comprender la fe que salva, tendremos que estudiar con cuidado lo que dice el apóstol Pablo, en su carta a los Efesios capítulo 2 dice: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”, “aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)”. Todos somos pecadores, el pecado ha contaminado al hombre, no somos pecadores por lo que hacemos, sino que hacemos el mal porque somos pecadores. El mal está en nosotros, es parte de nosotros, es la disposición natural de nuestro corazón. Todos somos inaceptables ante Dios, Dios tiene que intervenir en nuestra vida para hacernos aceptos ante El, tiene que regenerarnos, darnos vida. El apóstol Pablo afirma que no podemos hacer nada a favor de nuestra salvación, de hecho estamos muertos, Dios solo puede resucitar al que está muerto y de esta resurrección nos habla en evangelio.

Pablo añade la frase: “por gracia sois salvos” esto significa que la salvación es un don de Dios, nos llega a consecuencia del gran amor que Dios tiene por nosotros. Cuando se revela esa gracia en nosotros es que despierta nuestra fe y entonces abrazamos todo lo que Cristo ha hecho en nosotros. Eso es lo que se llama: “regeneración”. Sin el obrar de Dios es imposible entender todo este proceso, por eso Pablo les dice: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Co. 2:14).

Es posible que antes que la persona sienta ese toque del espíritu Santo haya ido a la iglesia, haya cumplido algunos actos religiosos, pero aun no percibía quien era Jesucristo, no entendía que este había venido al mundo para morir en su lugar y tomar su castigo, su estado espiritual era el de un muerto, nunca había entendido el evangelio!

Evidencia de que Dios ha hecho la obra regeneradora es la disposición espiritual del ser humano de que el Cristo de la Biblia es el único Salvador del mundo y su Salvador personal.

Pero, ¿por qué unos creen y otros rechazan el mensaje de salvación? Es aquí donde apreciamos la obra del Espíritu Santo. Por más elocuente que sea el sermón, sin la dote del Espíritu Santo jamás podrá producir fe regeneradora en los corazones de los oyentes. A menos que el Espíritu Santo obre tanto en el corazón del que predica  como en el que oye, no habrá resultados.

En Mateo 17:14-21 se nos relata la ocasión en que los discípulos no pudieron sanar al joven lunático, Jesús dijo que ellos no habían podido por falta de fe. La incredulidad  pervierte la fe, es lo mismo que se observa en la iglesia moderna. La falta de una fe correcta es igual a no tener fe, a la incredulidad. Los discípulos pervirtieron la fe al tratar con un profesionalismo religioso al joven enfermo, pensaban que ya sabían orar, que ya tenían el poder, se atribuyeron virtudes propias para hacer lo que solo es obra de Dios. Pervertimos la fe al tratar de vivir la vida cristiana y hacer lo que Dios pide a la manera humana, por nuestra fuerza y a nuestra manera, en lugar de vivir en obediencia a la palabra divina y obrar con una total dependencia de Dios.

Para glorificar a Dios hay que tener una fe verdadera, sin esa fe legitima, que viene de Dios, la experiencia religiosa es falsa y vacía. Es algo artificial, producto del esfuerzo humano. Tener fe en Dios quiere decir vivir en dependencia total de Él, porque creemos absolutamente en su Palabra.

 Por último, es importante resaltar que la fe sin obras es muerta, como leemos en  Santiago 2:17. La verdadera fe produce obras, no solo palabras. La fe debe ir acompañada de hechos.

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