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Bernabé y el arte de acompañar sin protagonismo

En una época marcada por la búsqueda constante de reconocimiento, la figura de Bernabé emerge como un recordatorio de una virtud cada vez más escasa: la capacidad de acompañar a otros sin necesidad de ocupar el centro de la escena. Su historia aparece entretejida en momentos decisivos del crecimiento de la Iglesia primitiva, no como protagonista principal, sino como alguien cuya influencia transformó vidas y fortaleció ministerios. Su legado resulta especialmente significativo para quienes ejercen la consejería, el acompañamiento espiritual y el cuidado de las personas desde una perspectiva cristiana.

El hombre que animaba a los demás

Bernabé aparece por primera vez en la Iglesia primitiva como un hombre de recursos y corazón generoso. “Y José, a quien los apóstoles llamaron Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre” (Hechos 4:36, RV1960). Este versículo no solo nos proporciona su nombre, sino también una descripción de su carácter. Los apóstoles lo identificaron como un hombre cuya presencia producía ánimo, consuelo y fortalecimiento espiritual.

En una comunidad que atravesaba desafíos constantes, Bernabé destacó por su disposición a compartir lo que tenía. Su generosidad material fue una manifestación visible de una disposición interior más profunda. La Escritura afirma que “la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma” (Hechos 4:32, RV1960), y Bernabé contribuyó activamente a preservar esa unidad.

Sin embargo, su mayor aporte no fue económico. Su verdadera contribución consistió en ver posibilidades donde otros veían riesgos. Mientras muchos observaban las limitaciones de las personas, Bernabé identificaba la obra de Dios en ellas. Esa capacidad resulta esencial en toda labor de acompañamiento. Quien acompaña desde una perspectiva bíblica no se limita a evaluar el presente; también aprende a discernir el potencial de transformación que Dios está desarrollando en una vida.

Esta característica se hizo evidente cuando Saulo llegó a Jerusalén después de su conversión. La desconfianza de los creyentes era comprensible. Durante años había perseguido a la Iglesia y había sembrado temor entre los discípulos. Sin embargo, Bernabé decidió acercarse. “Y Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado denodadamente en el nombre de Jesús” (Hechos 9:27, RV1960).

Acompañar implica asumir riesgos. Significa creer que la gracia de Dios puede producir cambios reales incluso cuando otros aún no los reconocen. Bernabé entendió esta verdad y actuó en consecuencia.

El acompañamiento como acto de fe

La labor de acompañar a una persona suele asociarse con escuchar, orientar y brindar apoyo emocional. Todo ello es importante. Sin embargo, el modelo de Bernabé añade un elemento indispensable: la fe en la obra transformadora de Dios.

Cuando la Iglesia de Jerusalén escuchó que muchos gentiles estaban respondiendo al Evangelio en Antioquía, enviaron a Bernabé para observar lo que estaba ocurriendo. Su reacción fue reveladora. “El cual, cuando llegó y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor” (Hechos 11:23, RV1960).

Bernabé no llegó con una actitud de sospecha ni de control. Llegó dispuesto a reconocer la gracia de Dios donde esta estuviera actuando. En el ámbito de la consejería cristiana, esta perspectiva sigue siendo profundamente necesaria. Con frecuencia, quienes ayudan a otros pueden concentrarse tanto en los problemas que terminan perdiendo de vista la obra que Dios ya está realizando.

La Escritura añade una descripción que explica por qué Bernabé ejercía una influencia tan positiva: “Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe” (Hechos 11:24, RV1960). Resulta significativo que Lucas no destaque primero sus capacidades organizativas ni sus habilidades de liderazgo. Destaca su carácter.

La formación académica, las herramientas metodológicas y el conocimiento técnico tienen un valor indiscutible. Sin embargo, en el acompañamiento cristiano, el carácter sigue siendo fundamental. Las personas suelen recordar menos los consejos recibidos que la manera en que fueron tratadas durante sus momentos de vulnerabilidad.

La grandeza de impulsar a otros

Uno de los episodios más reveladores de la vida de Bernabé ocurrió precisamente cuando decidió dar un paso atrás para que otro pudiera avanzar.

Al observar el crecimiento de la iglesia en Antioquía, comprendió que la magnitud del trabajo requería más obreros. Entonces tomó una decisión extraordinaria: fue a buscar a Saulo. “Entonces Bernabé fue a Tarso a buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía” (Hechos 11:25-26, RV1960).

Muchos líderes habrían visto a Saulo como una posible amenaza para su influencia. Bernabé lo vio como un colaborador necesario para la misión. Este detalle revela una profunda madurez espiritual. No estaba construyendo una plataforma personal; estaba sirviendo al propósito de Dios.

Con el paso del tiempo, incluso el orden de los nombres en el libro de los Hechos comenzó a cambiar. Inicialmente se menciona a “Bernabé y Saulo”; posteriormente aparece “Pablo y sus compañeros”. La atención se desplazó progresivamente hacia Pablo. Bernabé no parece haber tenido problema con ello.

En una cultura marcada por la competencia y la necesidad de reconocimiento, esta actitud resulta contracultural. El acompañamiento genuino celebra el crecimiento de otros, aun cuando ello implique permanecer en segundo plano.

Las segundas oportunidades también son ministerio

Otro aspecto notable de Bernabé aparece en el desacuerdo relacionado con Juan Marcos. Durante un viaje anterior, Marcos había abandonado la misión, lo que llevó a Pablo a considerar que no era prudente incluirlo nuevamente. Bernabé tuvo una perspectiva diferente.

“Y Bernabé quería llevar también a Juan, el llamado Marcos” (Hechos 15:37, RV1960).

La situación produjo una diferencia significativa entre ambos líderes. Sin embargo, el tiempo terminó mostrando la sabiduría de la postura de Bernabé. Años después, Pablo reconocería el valor ministerial de Marcos. Incluso escribiría: “Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio” (2 Timoteo 4:11, RV1960).

La consejería bíblica frecuentemente se desarrolla en contextos donde las personas cargan con errores, fracasos y decisiones equivocadas. El ejemplo de Bernabé recuerda que la restauración forma parte esencial del ministerio cristiano. Hay personas que necesitan corrección. Otras necesitan una nueva oportunidad. La sabiduría consiste en discernir cuándo corresponde cada cosa.

Cuando el liderazgo se mide por el servicio

La figura de Bernabé plantea una pregunta incómoda para cualquier persona involucrada en el ministerio, la enseñanza o la consejería: ¿buscamos realmente el bienestar de quienes servimos o buscamos sentirnos indispensables?

El apóstol Pablo escribió: “Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1 Corintios 10:24, RV1960). Bernabé convirtió este principio en una práctica constante.

En la consejería cristiana existe el riesgo de que el acompañante se transforme en el centro de la relación de ayuda. A veces ocurre de manera sutil. La persona aconsejada comienza a depender excesivamente del consejero, mientras la dependencia de Dios pasa a un segundo plano. Bernabé ofrece un modelo diferente. Su vida apunta continuamente hacia otros y, sobre todo, hacia Cristo.

El verdadero acompañamiento no consiste en crear seguidores personales. Consiste en ayudar a las personas a desarrollar una relación más profunda con Dios, fortaleciendo su madurez espiritual y emocional. El acompañante se convierte en un instrumento; el Espíritu Santo sigue siendo el verdadero agente de transformación.

El legado de un acompañante fiel

La última etapa del ministerio de Bernabé confirma la coherencia de toda su trayectoria. Fue un hombre que creyó en las personas, fomentó la unidad, fortaleció comunidades y promovió el desarrollo de otros líderes. Su nombre no aparece asociado a grandes discursos registrados en las Escrituras ni a extensas cartas doctrinales. Sin embargo, gran parte de la expansión del cristianismo primitivo difícilmente puede comprenderse sin su influencia.

Quizá esa sea una de las enseñanzas más valiosas para quienes ejercen la consejería bíblica en la actualidad. No todas las contribuciones visibles son las más trascendentes. Muchas de las obras que producen mayor fruto eterno ocurren lejos de los reflectores, en conversaciones privadas, en palabras de ánimo pronunciadas en el momento oportuno y en la disposición de caminar junto a quienes atraviesan temporadas difíciles.

Bernabé entendió algo que sigue siendo fundamental para todo ministerio de acompañamiento: las personas necesitan ser escuchadas, fortalecidas y orientadas, pero también necesitan que alguien crea que Dios aún puede obrar poderosamente en sus vidas.

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Por María del Pilar Salazar
Decana Académica
Univ. Logos

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