Revisión de Breve Introducción a la Teología del Pacto

Revisión de Breve Introducción a la Teología del Pacto

Revisión del texto Breve Introducción a la Teología del Pacto de Pablo Rafael López

Escrito por Noemí Garrido, estudiante de Universidad Cristiana Logos

Este artículo es un muy breve acercamiento a la Teología del Pacto, su objetivo no es otro que brindar una descripción somera de esta, sin entrar en tecnicismos teológicos complejos, y dirigida a alguien que no conozca prácticamente nada sobre la fe reformada.

Definición de Pacto

Este autor nos define el  Pacto en dos formas diferentes: 1. Acuerdo o tratado entre personas, entidades, partidos políticos o estados que exige cumplimiento por cada una de las partes de lo que se ha estipulado: ese partido no respetó los pactos económicos convenidos. 2. Obligación establecida por acuerdo o tratado.

El término pacto es usado frecuentemente en la Biblia cuando se habla de la relación establecida entre dos o más personas, que muchas veces incluía el destino de toda una nación, podemos ver por ejemplo el pacto realizado entre Salomón e Hiram: Y YHVH dio a Salomón sabiduría, tal como le había prometido, y hubo paz entre Hiram y Salomón, y ambos concertaron alianza1. 1 Reyes 5:12 [12, Biblia Textual] ambos reyes se prometían paz y buenas relaciones entre las dos naciones que representaban. Sin embargo, los pactos bíblicos que nos ocupan difieren un tanto en su definición de aquellos que por el uso común del idioma conocemos y que se asemejan al ejemplo anterior. A continuación veremos que los pactos en los que Dios está envuelto son muy diferentes y que por lo tanto requieren de otra definición.

En las Escrituras la palabra hebrea para pacto siempre es “berith”, una palabra de dudosa derivación. La opinión más general es que se deriva del verbo hebreo “barah”, (cortar) y contiene, por tanto, un recuerdo de la ceremonia que se menciona en Génesis 15:17. Sin embargo, algunos prefieren pensar que se deriva de la palabra asiria “verita”, que significa atar. Esto señalaría desde luego al pacto como un compromiso. Para la construcción de la doctrina no tiene gran importancia conocer el origen de la palabra. “Berith” puede indicar un acuerdo mutuo voluntario (bilateral), pero también una disposición o arreglo impuesto por una de las partes a la otra (unilateral). Su significado exacto no depende de la etimología de la palabra, ni del desarrollo histórico del concepto, sino simplemente de las partes interesadas.

En la medida en la que una de estas partes está subordinada y tiene menos que decir, el pacto adquiere carácter de disposición o arreglo impuesto por una de esas partes a la otra. “Berith” pues se convierte en sinónimo de “choq” (estatuto u ordenanza definidos), Ex. 34:10; Isa. 59: 21; Jer. 31: 36; 33:20; 34:13. Naturalmente, cuando Dios establece un pacto con el hombre este carácter unilateral es muy evidente, puesto que Dios y el hombre no son partes iguales. Dios es el Soberano que impone sus ordenanzas sobre sus criaturas. En la septuaginta la palabra “berith” se traduce “diatheke”, en cada uno de los pasajes en donde ocurre, con excepción de Deut. 9:15; (marturion) y I Reyes 11:11 (entole).

La misma palabra “pacto”, (diatheke), resume en sí misma la “deuda” y el “deber” que tenemos para con Dios. Estamos en “deuda” porque nuestra nueva relación con Dios es debida a la aproximación de Dios y no a nada que nosotros pudiéramos haber hecho. Tenemos un “deber” porque hemos de aceptar las condiciones de amor, fe y obediencia impuestas por Dios, y no podemos alterarlas. La misma palabra demuestra que nunca podremos encontrar a Dios en igualdad de condiciones, sino únicamente según la humildad y gratitud estipuladas.

Un único e interrumpido proceso histórico de Salvación

A manera de conclusión el autor nos señala que ambos testamentos describen el único e ininterrumpido proceso histórico de la salvación; Dios ha ido revelando parte por parte su plan redentor, desde la caída hasta el cierre del canon del Nuevo Testamento. Los patriarcas de la antigüedad, Moisés y los israelitas del Antiguo Testamento, los cristianos fieles de todos los tiempos, comparten el Pacto de Gracia como medio de salvación. Nadie jamás ha agradado a Dios por sus obras, y la salvación de los fieles ha sido siempre de Jehová.

Para el hombre moderno, inmerso en un mundo digital –aun en nuestro tercer mundo– es muy difícil entender de forma rápida muchos temas y situaciones descritos en la Biblia. La distancia muchas veces entre el lector y las palabras bíblicas cuenta en miles de años. Esa es una de las razones por las que nos cuesta un poco de esfuerzo adicional comprender cómo Dios llevó a cabo sus pactos y demás decretos en general; esa es una importante razón por la cual la arqueología bíblica es tan importante.

Descubrimientos arqueológicos

Durante el siglo XX se hicieron descubrimientos arqueológicos que han contribuido a un mejor entendimiento de las Escrituras Sagradas. Uno de ellos fue un grupo de manuscritos que contienen textos llamados “Tratados Imperiales de Vasallaje”. Estos documentos no son más que tratados en los que un gran rey o emperador ponía bajo su mando otro rey y pueblo, por supuesto, de menor grado o jerarquía y muchas veces derrotado o rendidos ante el primero, estos documentos servían para que los emperadores administraran sus reinos y en ellos los vasallos -o siervos- juraban lealtad absoluta al emperador.

El mundo antiguo de la Biblia era un mundo de imperios. Y de muchas maneras, esta realidad política dominó en las tierras del cercano Oriente de la antigüedad de tal manera que estableció la manera de pensar de las personas sobre casi todo en la vida. Esto fue una verdad contundente con respecto a la manera en que los imperios se establecieron, se mantuvieron y se administraron.

En el mundo antiguo, grandes reyes como los Faraones de Egipto, los reyes poderosos de los hititas o los Emperadores Asirios extendían sus reinos conquistando o anexando naciones y ciudades-estado más débiles. Por supuesto, no todas las relaciones internacionales se manejaban exactamente de la misma manera, pero muchas de ellas fueron formalizadas y se manejaron a través de lo que ahora nosotros llamamos Tratados Imperiales de Vasallaje.[17, Third Millenium]

El entendimiento de la estructura y forma de los Tratados Imperiales de Vasallaje debido en gran parte a las investigaciones del pasado siglo, nos dan una gran oportunidad para entender de mejor forma los pactos bíblicos y así llegar a un entendimiento más profundo de la Teología del Pacto.

Pactos Bíblicos

La teología Reformada divide los pactos bíblicos en los siguientes:

  1. Pacto Adámico. Génesis 2:15-17 (Con Adam en el Huerto del Edén)
  2. Pacto Noádico. Génesis 9: 12-16 (Con Noé después del Diluvio)
  3. Pacto Abráhamico. Génesis 17 (Con Abraham al llamarlo)
  4. Pacto Sinaítico. Éxodo 34:28 (Con el Pueblo de Israel y su descendencia)
  5. Pacto Davídico. 2 Samuel 7:12-16 (Con David acerca de su trono y reinado)
  6. El Nuevo Pacto. Jeremías 31 (Con los escogidos de Israel y los gentiles)

Todos estos pactos siguen una misma estructura, indican la Benevolencia real; nos hacen ver la lealtad que tenían que tener los súbditos del Rey y por último nos muestran las consecuencias de la desobediencia a los mandatos del Rey.

Pacto de obras

El primer pacto que este autor considera es el pacto de obras. El primero de los pactos hechos con el hombre por Dios y además el primero de los pactos universales. Para dar inicio cita la Confesión de Fe de Westminster Capítulo 7 “Del pacto de Dios con el hombre”:

  1. La distancia entre Dios y la criatura es tan grande, que aunque las criaturas racionales deban obediencia a Él como su Creador, nunca podrían tener disfrute alguno de Él como bienaventuranza y recompensa, sino por una condescendencia voluntaria de parte de Dios, la cual le ha placido expresar por medio de pacto. Ref: [1] Isaías 40:13-17; Job 9:32, 33; 1 Samuel 2:25; Salmo 113:5; Salmo100:2, 3; Job 22:2, 3; Job 35:7, 8; Lucas 17:10; Hechos 17:24, 25.
  2. El primer pacto hecho con el hombre fue un pacto de obras, en el cual la vida fue prometida a Adán y en él a su posteridad, bajo la condición de una obediencia perfecta y personal. Ref.: Gálatas 3:12; Romanos 10:5; Romanos 5:12-20; [4] Génesis 2:17; Gálatas 3:10.

La Fe Reformada afirma desde el inicio de la definición de los pactos de Dios con el hombre, que este último no merece nada de parte del Creador. La distancia entre Dios y los hombres es inconmensurable, nada excepto Dios mismo puede hacer que el hombre se le acerque. Nótese inmediatamente que a pesar de la denominación de este pacto, sigue siendo un pacto de gracia en cuanto expresa la misericordia de Dios sobre la criatura que no tiene ningún derecho o reclamo ante el Creador.

En este pacto de obras la gracia divina es vista cuando Adán recibió la promesa de vida y prosperidad bajo la condición de obediencia perfecta y perpetua. Sin embargo, la caída causó que el hombre fuera totalmente incapaz de cumplir las condiciones del pacto, y es así que Dios en su misericordia establece un nuevo pacto llamado de la gracia. Ambos pactos eran “de la gracia”, pero el segundo merece ser llamado así porque Dios mismo provee lo requerido para llenar las condiciones del pacto por el cual su pueblo recibe la salvación.

Pacto de Redención

El autor continúa con lo que llama el Pacto de Redención y explica que este merece un apartado por su importancia dentro de la Teología del Pacto. Como sucedía con el Pacto de Obras, en la historia del cristianismo no ha habido consenso en cuanto a su existencia, de hecho, aún dentro de la Teología Reformada existen autores que no dan lugar a este pacto, sin embargo se considera de importancia en la Teología del Pacto y su rol dentro de ella es innegable.

Este pacto debe verse nos explica como un segmento fundamental dentro del pacto de la gracia, no como un pacto diferente en sí mismo, ni mucho menos contradictorio con la verdad central del pacto de la gracia. No se explica que hayan dos pactos separados e independientes, contradictorios al pacto de obras. El pacto de gracia y el de redención son dos modos o faces de un mismo pacto evangélico de misericordia. Se distingue entonces entre el pacto de redención (pactum salutis) entre el Padre y el Hijo, y, basado en éste, el pacto de gracia entre el Dios y el elegido, o el pecador elegido. Este pacto puede verse como el inicio del pacto de la gracia, y es donde Cristo, como representante de los elegidos, promete cumplir toda la ley con el objetivo de imputar justicia al creyente.

Pacto de la gracia

Después de analizar el pacto de obras y el de redención y habiendo explicado ya que el pacto de redención no es sino una primera fase del pacto de la gracia y no uno diferente, el autor procede a explicarnos brevemente el pacto de gracia. La Teología Reformada es en esencia –y también, por qué no, en extensión– la Teología del Pacto.

Este pacto comenzó con la caída y es el pacto que está vigente hoy día, mediante este pacto los pecadores son reconciliados con Dios por medio de la expiación sustitutiva de Cristo. El pacto de gracia ha sido administrado de diversas formas a través de la historia y ha tenido algunos puntos de inflexión (por llamarlos de alguna manera) que han tenido lugar mediante un pacto hecho por Dios con el hombre; mediante estos pactos Dios ha ido revelando paulatinamente su gracia divina y han sido usados para ampliar y desarrollar la administración del gran pacto que representan y al cual apuntan. Estos pactos no son en ninguna manera contradictorios entre sí, sino que son sólo momentos en la historia humana en los que Dios, mediante un pacto con el hombre, ha revelado más acerca de sí mismo y su trato con la humanidad.

Pacto antiguo

De otro lado, el autor nos refiere que el pacto con Israel en el monte Sinaí es de extraordinaria importancia dentro del estudio de la Teología del Pacto. Es este pacto al que se le llama “antiguo” en las páginas del Nuevo Testamento; cobra extraordinaria importancia su lectura pues en sus páginas se encuentra revelaciones acerca del carácter de Dios, sus atributos, su trato con la humanidad en general entre otros muchos temas que no aparecen de forma explícita en el Nuevo Testamento. Sin embargo, no es hasta la dispensación del nuevo pacto y cierre del canon del Nuevo Testamento que toda la revelación es dada, de manera que la Biblia es un todo único, no podemos comprender el Antiguo Testamento sin el Nuevo y viceversa, ambos son textos complementarios que nos describen el pacto eterno de Dios con su pueblo y nos muestran a los cristianos la historia y forma de esa revelación a través del tiempo.

Pacto Mosaico

En el pacto Mosaico, la revelación fue desarrollada y mostrada como nunca antes de ese momento. La idea del sacrificio de sangre, latente desde el principio de mundo y expuesta de forma incipiente antes, fue explicada en detalle mediante los sacrificios y servicios en el tabernáculo primeramente y después en el templo. Fue expuesta y esclarecida la ley moral mediante los 10 mandamientos en las tablas de la ley. Fue constituida la nación de Israel como la iglesia incipiente: Éste es el Moisés que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará Dios de entre vuestros hermanos, como a mí. (38) Éste es el que estuvo con la iglesia en el desierto, con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, quien recibió oráculos vivientes para dárnoslos;( Hechos 7:37-38)[12, Biblia Textual].

De Moisés hasta Cristo, el rito simple y primitivo del sacrificio se desenvuelve hasta llegar a ser el laborioso y significativo simbolismo del servicio en el templo; el pacto se enriqueció con promesas nuevas, la iglesia fue separada del mundo por nuevas barreras y sellada con el sacramento adicional de la Pascua. La dispensación actual es superior a la antigua (a) en que la antigua fue administrada por Moisés, que era un siervo; la presente es administrada visible y directamente por Cristo. Importante notar que el medio de salvación en ambos testamentos es el mismo: la fe en Jesús; en el Antiguo Testamento esta fe estaba fundada en la promesa del redentor, cuyo advenimiento y oficios declaraba la ley que incluía aquel pacto, por tanto el Salvador estaba “velado” por una serie de ritos y ordenanzas escritas en la ley que constituía el cuerpo del pacto. Era de esa forma que los creyentes del Antiguo Testamentos veían y esperaban a Jesús. Muy diferente a nosotros, pero esencialmente igual.

En sentido general, entiendo que es un solo Pacto manifestado en diferentes épocas, en diferentes formas y con diferentes personas. Jesucristo es el centro de dicho Pacto. La Teología del pacto correctamente comprendida, nos ayuda a ver las formas en las que cada porción de la Escrituras se enlaza con las demás. Como administraciones del reino de Dios, los pactos nos enseñan cómo Dios dirige la historia de la salvación hacia el glorioso final cuando el reino de Dios vendrá a la tierra así como en el cielo. Como expresiones de nuestra relación con Dios, los pactos bíblicos nos ayudan a captar cómo nuestra salvación personal se relaciona con las dinámicas de la benevolencia de Dios, fidelidad humana y las consecuencias de bendiciones y maldiciones.

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