Por Andrés Díaz Russel
Creyente comprometido con el Señor, quien vive con una discapacidad visual
Isaías 59:2 dice: “Vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír”.
En otras palabras, cuando se examine la historia de tu vida en el Día del Juicio, ¿tendrás que ser apartado de Dios o no?
Santiago 2:10 nos avisa: “Cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos”.
Repito, cuando se examine la historia de tu vida en el Día del Juicio, ¿tendrás que ser apartado de Dios o no? ¿Se te ha escapado alguna mentirijilla alguna vez? Entonces ya has ofendido en un punto, a saber, el noveno Mandamiento: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:16; Deuteronomio 5:20).
El único que puede quitar la barrera que te separa de Dios es Cristo, quien quita el pecado, la barrera misma:
“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).
En Hebreos 9:14 apreciamos la manera en que Cristo logra un objetivo que para los pecadores es imposible: “¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”
Cuando se examine la vida de los que, arrepentidos, acuden al Salvador por fe, no tendrán nada que temer. Cristo ya pagó por ellos. Si, por el contrario, no tienes a Cristo como tu Salvador personal, entonces la historia de tu vida mostrará que no cumpliste la Ley de Dios perfectamente, y la división entre el Dios Santo y tú deberá ser eterna.
Y lo triste será darte cuenta de que Cristo lo hizo todo posible para que no tuvieras que permanecer lejos de Él. Simplemente no tomaste la decisión, mientras podías, de apartarte del pecado y confiar en el Cordero que podría haber quitado tu pecado. Para cuando llegue el Día del Juicio Final, en vez del Cordero, tendrás que comparecer ante el Juez y oír las palabras: “Apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:23).
Moraleja: todavía disfrutas de la vida. La historia de tu vida no se ha terminado de escribir y aún tienes tiempo para evitar encontrarte en la situación descrita en estas breves líneas. Ahora bien, no sabes cuándo se va a terminar de escribir tu vida, y puede que no te quede mucho tiempo. Encarecidamente te insto a que te pongas a cuentas con Dios. Lee Romanos 5:1:
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”.
Para que quede claro: “Justificados (perdonados), pues, por la fe (confianza en Cristo y su obra por nosotros), tenemos paz para con Dios (gracia o favor inmerecido) por medio de nuestro Señor Jesucristo (Cristo no es solo el Salvador, sino Señor y Salvador)”.
Por tanto, no creas que puedes agregar al Salvador para que perdone tus pecados si no te apartas del pecado. Él es el Señor, y si rechazas su señorío, no tienes acceso a la salvación que te ofrece. Pero si tienes al Señor —no una religión, sino una relación personal con Él— puedes dormir en paz sabiendo que cuando llegue el momento oirás: “Entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21).
Andrés Díaz Russel
Coordinador del programa
«ALGO DIOS VA A HACER»
Youtube: https://youtube.com/@algoDiosvaahacer
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