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Primeros Auxilios Psicológicos 10 claves para acompañar desde la fe cristiana

Hay situaciones en las que una persona no necesita todavía una terapia, una explicación extensa ni una respuesta para toda su vida. Necesita que alguien se acerque y sepa qué hacer. Después de un accidente, un terremoto, una pérdida repentina, un episodio de violencia o cualquier acontecimiento que genere una crisis, es posible encontrar personas desorientadas, asustadas, paralizadas o profundamente angustiadas. En esos primeros momentos, una ayuda adecuada puede marcar una diferencia.

Los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) consisten en brindar apoyo humano, práctico y respetuoso a personas que atraviesan una situación de crisis. La Organización Mundial de la Salud los presenta como una forma de asistencia que respeta la dignidad, la cultura y las capacidades de quien recibe ayuda. No son psicoterapia ni pretenden reemplazarla; tampoco requieren que quien acompaña tenga una respuesta para cada problema. Su propósito inicial es ayudar a recuperar seguridad, conexión y estabilidad. (Organización Mundial de la Salud)

Desde una perspectiva cristiana, este acompañamiento puede integrar la fe sin convertirla en una respuesta automática para el sufrimiento. La persona necesita ser atendida en su realidad emocional, social y espiritual, y también debe recibir ayuda profesional cuando la situación lo requiere.

1. Primero procure que la persona esté segura

Antes de preguntar qué siente, asegúrese de que el peligro haya pasado. Después de un desastre o accidente, puede existir riesgo físico, personas heridas, estructuras inestables o situaciones que todavía requieren atención de emergencia. No tiene sentido intentar tranquilizar emocionalmente a alguien mientras continúa expuesto a una amenaza.

La seguridad es también psicológica. Acercarse con calma, identificarse y explicar brevemente qué se está haciendo puede ayudar a disminuir la confusión. No se necesita una intervención espectacular. A veces basta con transmitir: “Estoy aquí. Vamos a buscar ayuda”.

2. Acérquese con calma y respeto

Una persona en crisis puede reaccionar de maneras muy diferentes. Puede llorar, quedarse en silencio, hablar rápidamente, parecer confundida o incluso mostrarse aparentemente tranquila. No existe una única manera correcta de reaccionar.

Por eso, el primer acercamiento debe ser sencillo. Preguntar qué necesita, ofrecer ayuda concreta y respetar su espacio suele ser más útil que comenzar con muchas preguntas. Los PAP no buscan obligar a la persona a hablar sobre lo ocurrido, sino ofrecerle apoyo de acuerdo con sus necesidades.

3. Escuche sin presionar

Escuchar no significa hacer que alguien cuente todos los detalles de lo sucedido. Tampoco significa interrogar para reconstruir el acontecimiento. Si la persona desea hablar, escúchela; si no quiere hacerlo, respete ese límite.

En una cultura acostumbrada a llenar rápidamente los silencios, aprender a permanecer junto al otro tiene un valor enorme. La Escritura aconseja: “Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Santiago 1:19, RV1960). En una crisis, escuchar puede ser una de las formas más concretas de cuidado.

4. No minimice lo que está sintiendo

Frases como “tiene que ser fuerte”, “ya pasó”, “Dios sabe por qué sucede todo” o “hay que tener fe” pueden decirse con buenas intenciones, pero no siempre ayudan. Una persona que acaba de perder su vivienda, ha presenciado una muerte o teme por su familia necesita que su experiencia sea reconocida, no corregida apresuradamente.

La fe cristiana no exige negar el dolor. La Biblia misma contiene lágrimas, preguntas y expresiones de angustia. Acompañar con fe significa también permitir que la persona pueda decir honestamente: “Tengo miedo”, “no entiendo lo que pasó” o “no sé cómo voy a seguir”.

5. Ayude con necesidades concretas

En una emergencia, el sufrimiento emocional suele estar acompañado por necesidades muy básicas. Una persona puede necesitar agua, alimento, medicamentos, transporte, información, un teléfono para comunicarse con su familia o un lugar seguro donde permanecer.

Los PAP tienen precisamente ese componente práctico. La OMS destaca que la ayuda inicial debe responder tanto al sufrimiento emocional como a las necesidades inmediatas de la persona. (Organización Mundial de la Salud)

Desde la fe cristiana, esto no es algo secundario. Santiago escribe: “Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?” (Santiago 2:15-16, RV1960). A veces, ayudar psicológicamente comienza por ayudar a resolver lo más urgente.

6. Facilite el contacto con personas de confianza

Una crisis puede hacer que una persona se sienta completamente sola. Ayudarla a comunicarse con un familiar, un amigo, un líder de confianza o alguien que pueda acompañarla puede ser una intervención sencilla y valiosa.

La conexión social es parte de la respuesta ante las emergencias, y los organismos internacionales recomiendan fortalecer las redes de apoyo y la participación comunitaria.

La iglesia puede desempeñar aquí un papel significativo: no solamente orando por quienes sufren, sino organizando ayuda, acompañamiento y redes reales de cuidado.

7. No convierta una reacción emocional en un problema espiritual

Una persona puede temblar, llorar, sentirse confundida o tener miedo después de una experiencia traumática. Eso no significa automáticamente que le falte fe. Tampoco toda reacción emocional constituye un trastorno psicológico.

Este punto requiere especial prudencia en contextos cristianos. Decirle a alguien que “confíe más en Dios” puede ser apropiado en una conversación pastoral, pero no debe utilizarse para invalidar una reacción psicológica legítima. La fe puede acompañar el proceso de recuperación, pero no sustituye el conocimiento clínico.

La espiritualidad puede ser un recurso de esperanza, oración, comunidad y sentido. Debe utilizarse para acompañar, no para silenciar.

8. Respete el ritmo de cada persona

No todos procesan una crisis de la misma manera. Algunas personas necesitan hablar inmediatamente; otras requieren tiempo. Algunas buscan compañía; otras prefieren permanecer tranquilas. También puede ocurrir que alguien parezca estar funcionando bien durante los primeros días y que las reacciones emocionales aparezcan después.

No conviene establecer un calendario rígido para el duelo o la recuperación. Acompañar significa observar, escuchar y respetar el proceso individual. La paciencia también es una forma de cuidado.

9. Reconozca cuándo se necesita ayuda profesional

Los Primeros Auxilios Psicológicos no son psicoterapia. Su función es brindar apoyo inicial y facilitar la conexión con otros recursos. Si una persona presenta síntomas intensos o persistentes, una alteración importante de su funcionamiento, desorientación grave, riesgo de hacerse daño, pensamientos suicidas u otras señales de alarma, debe recibir atención profesional.

La respuesta cristiana responsable no compite con la psicología. Puede trabajar junto a ella.

La Organización Panamericana de la Salud incluye los PAP dentro de una respuesta más amplia de salud mental y apoyo psicosocial en situaciones de emergencia. (PAHO) Reconocer los límites de nuestra intervención también es una forma de responsabilidad.

10. No desaparezca cuando termina la emergencia

La emergencia puede durar unas horas, pero sus consecuencias pueden permanecer durante semanas o meses. Después de recuperar la vivienda, encontrar a los familiares o regresar a la rutina, pueden aparecer el cansancio, la ansiedad, los recuerdos intrusivos, el duelo o la dificultad para sentirse nuevamente seguro.

Por eso, acompañar no debería limitarse al primer momento. Una llamada unos días después, una visita, una oración, una conversación o simplemente preguntar “¿cómo sigue?” puede tener un valor enorme.

Pablo escribió: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Gálatas 6:2, RV1960). Sobrellevar la carga de otra persona no significa resolverla por ella. Significa estar dispuesto a caminar a su lado mientras recupera sus fuerzas.

La ayuda también necesita discernimiento

Los primeros auxilios psicológicos pueden parecer sencillos, pero requieren sensibilidad. No se trata de aprender frases perfectas ni de convertir cada crisis en una oportunidad para hablar. Se trata de saber acercarse, escuchar, proteger, conectar y reconocer los límites propios.

La perspectiva cristiana añade una dimensión particularmente valiosa: la persona que sufre no es solamente un caso, una reacción emocional o un diagnóstico. Es una persona cuya dignidad merece ser protegida y cuyo dolor merece ser tomado en serio.

La iglesia puede convertirse en un espacio de cuidado real cuando aprende a acompañar sin juzgar, a servir sin invadir y a hablar de Dios sin utilizarlo para cerrar prematuramente las preguntas del que sufre. La fe no nos hace indiferentes ante el dolor humano. Nos llama a acercarnos a él con compasión.

Y en muchas ocasiones, el primer auxilio que una persona necesita es mucho más sencillo de lo que pensamos: alguien que permanezca cerca, escuche con atención y le ayude a dar el siguiente paso.

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Por María del Pilar Salazar
Decana Académica

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Univ. Logos

Bibliografía

Organización Mundial de la Salud. (2012). Primera ayuda psicológica: Guía para trabajadores de campo. OMS. Guía de Primera Ayuda Psicológica de la OMS

Organización Panamericana de la Salud. (2020). Primera ayuda psicológica. Juntos más fuertes: Una guía para ayudarle a usted y a su comunidad. OPS. (PAHO)

Organización Mundial de la Salud. (2025). La salud mental en las situaciones de emergencia. OMS. Salud mental en las situaciones de emergencia

Comité Permanente entre Organismos. (2007). Guía del IASC sobre salud mental y apoyo psicosocial en emergencias humanitarias y catástrofes. IASC. Guía del IASC sobre salud mental y apoyo psicosocial

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